BALISTICA DE ENTRECASA II

El autor analiza los efectos de la balisitca terminal de diferentes proyectiles.

BALÍSTICA DE ENTRECASA (II) LA BALÍSTICA EN CAZA MAYOR.

En la primer entrega, cité generalidades, lo que involucra un disparo en los aspectos de balística interna, e hice una somera descripción de las zonas apropiadas que deberían ser tocadas por los proyectiles, a los que comparé con un caballo al galope, cabalgado por un jinete al que llamé Energía, y cuyo destino es realizar un trabajo.

Obviamente, la finalidad básica de todo proyectil es causar la muerte o la inmovilización de un blanco, sea éste humano o animal. Ya desde ese punto de partida puede establecerse una diferencia básica: Una cosa es la capacidad de matar (killing power) y muy otra la capacidad de detener o inmovilizar (Stopping power).

En DEFENSA PERSONAL ante una agresión humana, es útil y deseable DETENER al agresor, pero NO ES ni bueno ni aceptable matarlo.

En la caza, por el contrario, es útil y deseable que esos dos factores mencionados SE DEN JUNTOS: al animal debe matárselo rápida y limpiamente, sin sufrimientos inútiles. Y debe suceder ese evento dentro del mínimo tiempo y sin darle posibilidades de huida o ataque.

En lo que respecta entonces a la actividad cinegética, tenemos que elegir un arma que nos proporcione una adecuada performance capaz de producir detención y muerte simultáneas en forma eficaz y rápida.

Pues bien, estudiemos entonces el tema: Por un lado tenemos un proyectil en viaje que ha sido lanzado con un brutal empuje inicial a través del caño de su arma, empujado por los gases de la deflagración de la pólvora. Una vez salido al exterior, queda librado a sus propios medios, convirtiéndose en un trozo de metal que viaja a una velocidad cercana a los 2700 kilómetros por hora (tomando como ejemplo un 308 Winchester).

A semejante marcha, el choque con el aire es tan contundente, que se va frenando rápidamente. De allí que la distancia de arribo hasta el blanco debe estar dentro de ciertos límites, que se han fijado como prudentes en un máximo de 300 metros para arma larga rayada. (No confundir con alcance máximo, ya que hablamos de real efectividad en la caza)

Continuemos:

Cuando ese trozo de metal choca con la piel de un ser vivo, comienza a frenarse bruscamente, mientras se abre paso a través de los tejidos. Y aquí ya se establecen las primeras diferencias notorias. Si es de material blando –plomo- o de punta hueca, se aplasta y deforma, aumentando su diámetro, y dando en cada milímetro de avance una mayor superficie de choque, lo que hace que se produzca una más marcada agresión y destrucción de tejidos, y que el canal que hace se agrande, provocando una abertura mucho mayor a su diámetro original.

Por otra parte, si la velocidad de arribo es muy alta, o el encamisado muy débil, se puede llegar a provocar un verdadero efecto explosivo, con total fragmentación del proyectil, y escasa o nula penetración.

Si nos vamos al otro extremo, que sería una punta muy dura y/o con baja velocidad, la deformación será prácticamente inexistente, por lo que el efecto del proyectil se reducirá a labrar un canal u orificio, que por la elasticidad propia de los tejidos vivos, será hasta de menor diámetro que la bala.

Es el caso de puntas sólidas en armas de puño de bajo poder -380, 9 Mm., 38 Spl. Round Nose, etc.- o en rifles con munición totalmente encamisada (Full metal jacket), éstas últimas especialmente aptas para una enorme penetración (Caza de grandes animales africanos). En esta circunstancia, la lesión provocada es mínima y se reduce exclusivamente a las alteraciones que causa si toca zonas vitales –cerebro, médula, corazón-

De lo expuesto se deduce:

1) Todo disparo, para ser efectivo, debe tener una adecuada cantidad de Energía.

2) Esa Energía debe ser entregada en el impacto, o al menos debe o se deduce: liberarse en más del 70% de su monto total.

3) El portador de esa Energía, el proyectil, la bala, la punta o como gusten llamarla, debe ser acorde en su peso, velocidad de arribo y forma (estructura) al blanco al cual se destina.

No quiero en estas notas extenderme en fórmulas ni explicaciones difíciles. Prefiero darles mi experiencia ya digerida, para que puedan ustedes, amigos lectores, recoger de todo esto un resultado práctico.

Veamos.

En Argentina, los animales de la fauna mayor por excelencia son el Ciervo Rojo y el Jabalí. Son sus más pesados y vigorosos representantes (exceptuando a los Búfalos de la India, que aquí los hay, los hay…). Y ellos tienen una marcada resistencia al shock, lo que les permite absorber daños más que importantes sin pérdida de su capacidad de huida o ataque.

Deben entonces emplearse calibres de diámetro superior a los 6,5 Mm. y con puntas de 150 grains como mínimo, animadas con velocidades superiores a los 550 metros por segundo.

Dentro de esos calibres, debiera siempre pecarse por exceso y nunca por defecto, es decir, habría que elegir, si el disparo previsto es a corta distancia (acecho) el mayor peso dentro de la munición normal para el calibre.

Si en cambio se ofrece como probable un tiro largo (rececho, especialmente en montaña), una punta que permita la mayor velocidad sin bajar nunca de 150 grains.

Si el arma que usted dispone se encuentra en el límite menor para el peso de puntas, debería tratar de no disparar a huesos de gran tamaño y fuerte contextura. Es ideal entonces el tiro al tórax, que, solamente protegido por as costillas, permite el fácil acceso al corazón o a los pulmones, que aunque a masa del proyectil sea exigua, si la velocidad de arribo es suficiente, obtendremos una real explosión pulmonar, de características especialmente destructoras que sin duda afectará toda la zona, con proyección de líquidos y partículas metálicas a distancia, que colapsarán simultáneamente pulmones, corazón y/o grandes vasos, provocando shock inmediato con asfixia concomitante y descenso brusco de presión arterial, permitiendo a la bestia tan sólo un escape o corrida de pocos metros.

Los pequeños calibres

Esa es la explicación de los “fantásticos” éxitos de pequeños calibres dotados de altísima velocidad, tales como algunos .22 (.220 Swift por ejemplo) en extremo espectaculares pero sólo a condición de impactos felices y casuales, donde el proyectil se ha “colado” por un espacio intercostal, y sin encontrar resistencia firme desarrolló su tremendo poder destructivo en condiciones óptimas y ante tejidos ricos en líquidos y sumamente blandos como son los pulmones.

Otro cantar sería si ese mismo tiro hubiera chocado con alguna costilla o peor aún con un hueso del brazo. Esta situación hubiera implicado, sin duda, la prematura expansión de la pequeña punta, provocando una herida desgarrante y extensa, pero sólo a nivel superficial, cosa que permitiría seguramente la huida definitiva de la pieza, intacta en sus sistemas biológicos y funcionales.

El hecho de que el calibre que aconsejo tenga de 150 grains en más garantiza ya de por sí que conservará la masa residual suficiente como para progresar en el blanco, hasta tocar órganos vitales aún a pesar de haber impactado en una estructura ósea. Como es fácil de comprender, esa es la razón básica por la cual nos permitimos recomendar este tipo de munición, cuando de calibres mínimos se trata.

Básicamente deberá buscarse que el proyectil usado, tanto de fábrica como si es de recarga, sea de deformación lenta, tipo camisa de espesor gradual, o que posea tabique interno como las Nosler, Safari Grade, H Mantel, o alguno de los de nueva generación como el Fail Safe de Winchester, o el Starfire de PMC. En resumen, cuando usted juega en el límite, es decir, cuando estamos hablando de un 264 W. o de un 6,5 Mm. Máuser, debiera usar el mayor peso de punta que le permita el calibre, y, lo que es mucho más importante, deberá ser más exigente en la elección del lugar de impacto, cosa que no siempre se puede en condiciones de caza.

Los calibres óptimos

Si hablamos ahora de calibres óptimos en orden de potencia, podríamos comenzar con el 308 Winchester -7.62 NATO-. Un poco por encima tendríamos al 7.65 Máuser Argentino y al 30-06, y siguiendo los 7 Mm. Mágnum hasta llegar al .300 Winch. Mag., y en escala ascendente los 8 Mm. Mag., el 9.3 y el 375 Holland y Holland Mg., ya en el límite de lo exagerado.

Pero en esto -y aquí sí adhiero firmemente mi opinión- más vale pecar por exceso que por defecto, puesto que estos calibres grandes, sin necesidad de ser tan preponderantes en velocidad, y sin que sus efectos sean tan espectaculares, son muchísimos más seguros.

Aquí juega un papel definitorio la masa -el peso- que dentro de los estándares de fábrica, es más que suficiente como pra asegurar una adecuada penetración y un excelente killing power. En este caso el disparo se hace menos selectivo, ya que por lo general cualquier punta blanda o hueca, sin necesidad de artificios elaborados en extremo, cumple bien su cometido.

El impacto, que si se localiza como es debido emula en expansión a la de calibres menores, brinda efectos de similares a muy superiores resultados de shock a los descriptos para las puntas livianas, ganando en una segura penetración y alcanzando órganos internos invariablemente, atravesando en algunos casos completamente a la pieza, permitiendo además su fácil seguimiento por la abundante hemorragia del orificio de salida.

Este tipo de calibres producen además una cavidad muy superior a su diámetro, que ya de por sí es significativo, con proyección de partículas óseas que sideran todo el entorno, porque no se detienen ante el choque con huesos grandes y lesionan con facilidad el sistema de equilibrio.

Huesos duros de roer

También ocurre que si no se tocan huesos, la punta tiene energía suficiente a pesar de haber ya expandido, como señalé renglones arriba, para labrar un orificio de salida por donde se produce una profusa hemorragia, dejando la bestia una huella clara en su avance que posibilita un seguro seguimiento.

He visto jabalíes cazados de esta forma, en los cuales la herida de salida de las puntas permite la introducción de un puño cerrado. No hace falta ser muy imaginativo para darse cuenta de la sangre que se pierde por ella.

Por lo expuesto, el consejo que les doy es usar calibres que permitan una gama de pesos de puntas mínimo de 180 grains -308, 7.65, 30.06, etc.- hasta 270 grains - 375 H. H. Mg.-, con velocidades comprendidas entre los 650 y los 900 metros por segundo en la boca del arma, y tratando de impactar en la zona del hombro.

Si el tiro sale bajo, tocará corazón o grandes vasos, hacia atrás pulmones o aorta, y hacia adelante es probable que lesione el principio del cuello, que está más abajo de lo que generalmente se supone. Es decir, que tiene usted un blanco muy grande que disimulará cualquier error dentro de lo razonable, minimizando su nerviosismo o fiebre de ciervo, como le llaman...

No obstante, no debemos olvidar que los animales salvajes tienen una extraordinaria resistencia, y que hay ocasiones, sobre todo si están nerviosos, asustados o heridos levemente, en las que parece que hicieran gala de una vitalidad verdaderamente milagrosa.

Para los que tenemos alguna experiencia al respecto, sabemos que un animal que no cae con el primer tiro, se necesitará el doble de energía para que acuse los mismos resultados que cuando está tranquilo.

De allí la importancia que reviste la correcta colocación del impacto. Y para eso, nada mejor que dedicar algo de tiempo a estudiar la disposición de los órganos internos de los mamíferos, si es posible, en la realidad, es decir ,sobre animales muertos en el campo haciéndole una elemental autopsia, tarea que mostrará a las claras el daño que hace la bala a su paso.

Aprendiendo anatomia

Y si esto no fuera posible, no habría que descartar inclusive, la visita a algún matadero, frigorífico y carnicería de algún amigo que nos permita observar detenidamente aunque más no sea una media res, para ubicar mentalmente su anatomía, que no habrá de diferir demasiado de la del ciervo o jabalí.

Sé que esto no suena simpático. Que ensuciarse las manos con sangre y heces de un animal no entra ni siquiera como pensamiento casual de muchos, muchísimos cazadores... o debería decir pseudo-cazadores, que nunca tuvieron otra cosa en mente que no fuera encontrar un animal, apretar un disparador y dejar que todo el trabajo sucio lo haga otro.

Hay ocasiones también en que la pieza a cazar no aparece como una postal mostrando un perfecto perfil. Será habilidad del cazador determinar entonces la ubicación aproximada de los órganos internos y actuar según su mejor saber.

Como consejo práctico puedo decirles;

1- Animal de Frente: Tratar de ubicar el tiro en el pecho, en la unión del cuello con el tronco, Afectará corazón, pulmón, columna o directamente porción terminal del cuello. Será herida mortal casi inmediata,

2- Animal de espalda: Tirar debajo de la cola. Tocará siempre columna vertebral terminal o penetrará a través del abdomen con muchísimas posibilidades de llegar al tórax. El bicho no irá lejos, si no cae allí mismo.

3- Animal en tres cuartos de perfil: Tratar de impactar en línea recta hacia el tórax. Si usa la punta adecuada, es muy probable que llegue.

En lo que respecta a animales menores, como el axis, el dama y el antílope, e inclusive el puma -éste es mucho más blando para abatir- valen los mismos lineamientos que expuse para el ciervo rojo, pero tomando como límite un peso mínimo de 130 grains para las puntas.

En montería:

También existe otro tipo de caza, la que se realiza en monte cerrado, con o sin perros, en lugares en los cuales la vegetación abundante del terreno no permite una visibilidad más allá de los 15 ó 20 metros, y en partes mucho menos.

En esas condiciones pueden emplearse tranquilamente armas de ánima lisa, es decir escopetas, a condición de que su calibre no sea inferior a los 20 en libra, preferentemente 16 ó 12, con cartuchos Brennecke -bala sólida- o en su defecto postas de 8.8 Mm. o similares.

Ese tiro, a tan corta distancia, es muy efectivo, y su pesada bala, de más de 500 grains y animada con una velocidad de aproximadamente 400 metros por segundo, es algo que tranquiliza definitivamente cualquier cosa que tenga por delante.

Por supuesto esta lista no es taxativa, hay muchísimas armas que sirven a los mismos efectos. Dentro de las viejas y raras podemos citar al 401 Self Loading, al 45-70, y entre las actuales al 444 Marlin y -casi como marginal- al 44 Mágnum en rifle.

Excepcionalmente podría utilizarse nuestro tan conocido Winchester 44-40, pero a condición de usar recarga potenciada -una fórmula muy potente es poner debajo de una punta de 200 grains, 23 grains de Alliant -la vieja Hércules- 2400, receta ésta que eleva sus prestaciones a valores de 44 Mágnum sin que las presiones entren en terreno francamente peligroso.

Pero ojo, porque ese es el límite prudente, y siempre y cuando se trate de armas en buenas condiciones y de últimas series, que venían con aceros tratados. En todo caso, ésta es siempre una alternativa de última.

CONCLUSION

Y para finalizar esta ya larga exposición, hay algo que no puedo dejar de mencionar:

En mi opinión tirar a más de 150 metros no es cazar. No existe un lance propiamente dicho, en verdad, y la emoción y el esfuerzo que implica cobrar una pieza se convierten en un sin sentido, quedando relegado a un mero ejercicio de tiro al blanco. Por eso, no es un cazador aquél que sólo aprieta el gatillo de un arma, sino que merece ese título solamente el que transpiró el esfuerzo de un rececho difícil o el que semi congelado en un apostadero aguardó noche tras noche la llegada de un animal digno.

Y eso, señores, el ser un cazador así, es lo único que brinda el verdadero sabor y la profunda pasión que convierten el matar un ser vivo en algo si no justificable, al menos explicable dentro de nuestra extraña naturaleza humana.

Cacho Cuchi.

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