EL CARTUCHO IDEAL

El artículo describe como se hace para escoger el cartucho más apto para nuestras necesidades y de acuerdo a nuestras habilidades y tolerancia al retroceso.

El cartucho ideal.

Texto por Daniel Stilmann.Fotografías: Carlos Coto, Joan Catala.

Sí bien para el cazador actual un sólido conocimiento de la conducta de las presas es importante para sus fines, hay otros aspectos básicos de la caza mayor que también lo son, y que inciden en forma directa en el resultado final de las aventuras cinegéticas.

Lamentablemente muchas veces carecemos del conocimiento adecuado sobre los mismos, o no le damos la importancia que se merecen, para después lamentarnos amargamente o no terminar entendiendo los motivos de nuestros reveses.

Uno de estos temas es como se hace para escoger el cartucho ideal para las necesidades de cada uno de nosotros.

Fíjese que no he dicho del cartucho ideal a secas, si no que específicamente me referí “al cartucho ideal para cada uno de nosotros”, con énfasis en las cinco últimas palabras, resaltando que no necesariamente lo que es bueno para uno, en este caso un cartucho determinado, termina siéndolo para otros.

Escoja equivocadamente éste componente crucial de su equipo y estará arriesgando a quedarse corto en sus disparos, falto de energía para lograr una buen penetración, excedido en la misma como para terminar pinchando al animal, o en una serie de otras calamidades en las cuales es mejor no pensar, y que de ser posible se deben evitar.

En la actualidad la gran mayoría de las especies que se cazan en forma regular, salvo honrosas excepciones, son animales no peligrosos, y de piel fina, siendo similares en pesos corporales y resistencia al impacto (cérvidos, suidos, caprinos, etc) Obviamente presas como el león, elefante, búfalo y otras de ese tipo, requieren cartuchos adecuados a sus características, que no trataremos aquí, ya que representan la minoría, y por que en ocasiones, aún lejos de ser lo ideal para nosotros, no queda más remedio que emplearlos.

En caza mayor se dice que es más importante colocar correctamente el primer disparo que las características del cartucho (incluyendo su energía, tipo de punta desplegada, etc), y que para colocar ese disparo donde las buenas costumbres mandan es conveniente poseer un arma que dominemos a gusto y no a la inversa.

Sí logra colocar ese disparo dónde debe hacerlo, tarde o temprano su presa caerá, al punto que se dice que “todos los cartuchos matan por igual”, remarcando con ello que la habilidad del tirador con su arma es de la máxima importancia.

Es cierto, unos cartuchos matan antes que otros, pero sí hacemos las cosas bien el resultado final no diferirá en mucho, en particular cuando se habla de presas no peligrosas y de piel fina.

Pero cualquiera sea el conjunto vaina/punta de caza empleado, el mismo dejará de realizar esos actos milagrosos en el preciso momento en que, por temor a su retroceso, comenzamos a cerrar los ojos en el instante de oprimir el disparador, con lo cual se termina arruinando la precisión requerida.

En estas condiciones toda la maravillosa cantidad de energía que acabamos de desatar, junto a aquel proyectil ideal que tanto nos costó obtener, terminan sirviéndonos de bien poco, además de haber malogrado la cacería. En otras palabras, entre un cartucho muy potente y otro no tanto, pero que nos sea posible disparar con precisión, sin duda éste último será el más apto de los dos.

Deje de leer estas líneas por un momento y piense como haría para escoger ese cartucho ideal para sus necesidades. Luego compare sus conceptos con los insertos más abajo.

Primer paso. Desconfiar siempre del consejo “desinteresado” del vendedor de la tienda de deportes y en ningún caso se deje llevar por las opiniones bien intencionadas de los amigos.

El primero puede tener intereses no compatibles con los suyos, y tanto él como sus amigos no son los que pondrán el hombro detrás de la culata, o los que pagarán por esa cacería tan costosa. Por lo tanto hágase a la idea de que es UD el conejillo de Indias designado para éste experimento, y que deberá probar personalmente con más de un cartucho antes de dar con aquel que pueda disparar con absoluta confianza y comodidad.

En otras palabras, lo que debe tratar de determinar es cuanto castigo puede sufrir su humanidad sin que comience a cerrar los ojos cuando no debe, o a tironear del gatillo.

Este proceso lo deberá repetir con cada cartucho que desee probar. Por lo tanto su hombro, y no el del simpático vendedor, es el que hay que poner a prueba, y sí desea hacer las cosas bien no le busque alternativas al asunto por que no las tiene. Aquí la experiencia ajena vale de bien poco.

Bien, aceptado el punto anterior habrá dado un gran paso adelante. Ahora le toca resolver otro problema de índole práctica. A menos que tenga acceso irrestricto a una fábrica de armas y cartuchos, y a un polígono de tiro donde experimentar, le resultará muy lento y costoso probar cartucho tras cartucho hasta dar con el adecuado. Hay otra forma más sencilla, y eso es lo que intentaré traspasarle en éstas líneas.

Hay dos teorías con respecto a las funciones que cumple el apéndice cefálico en los humanos, más conocido por el término de cabeza. La primera de ellas propone que la misma fue emplazada sobre nuestra anatomía simplemente para que los hombros no terminasen en punta, lo cual generaba un verdadero problema estético para nuestro diseñador, y créame que en ocasiones, al contemplar ciertas actitudes humanas, me siento tentado a concordar con la misma.

La segunda teoría alega que la cabeza fue diseñada y puesta dónde está para que podamos pensar. En la mayor parte del tiempo adhiero a ésta última. Empleémosla entonces con esos fines, encuadrando nuestro problema dentro de un marco lógico que nos permita resolverlo.

Se dice que para la mayoría de las presas, y debido a la forma en que cazamos, con excepción de la montería, que es todo un juego aparte, lo que se necesita es una fuerza igual a 1.500 libras por pie al momento del impacto.

Cuidado que he dicho al momento del impacto, que es algo muy diferente a decir en la, ya que rara vez las presas se nos dan a tan corta distancia.

Lo próximo a determinar es la distancia que necesitamos alcanzar con esa energía. Doscientos metros es un buen límite, ya que en muy pocas ocasiones un animal logrará impedirnos que nos acerquemos a esa marca, y sí así resultase uno siempre puede disparar desde un poco más lejos, siempre y cuando tenga la habilidad suficiente para colocar ese primer disparo donde debe hacerlo. Claro que para ello es necesario disparar con precisión.

En caso de no poder acortar esa brecha, a lo sumo nos veremos obligados a dispara desde más lejos, para luego tener que rastrear una presa herida con algo menos de energía. Esto resulta siempre preferible a tener que disparar con un cartucho, que aunque mucho más potente, estamos arriesgando a errar.

Resumiendo.

Hasta aquí hemos determinado que se necesitan alrededor de mil quinientas libras por pie al momento del impacto hasta una distancia de doscientos metros, y que además es fundamental poseer la habilidad suficiente con el arma como para poder decidir el lugar de impacto a nuestra absoluta voluntad. ¿Qué otra pieza de información nos resulta necesaria para resolver nuestro problema?

Una más, y es aquí donde interviene cada uno de nosotros, ya que la tarea que nos queda por delante es la de determinar con precisión cual es la cantidad de energía que somos capaces de absorber con nuestro hombro sin que empecemos a cometer errores.

Esa energía generada por la fuerza en sentido opuesto que genera el cartucho, es también mensurable, y la misma se describe de la misma forma en que se lo hace con la energía que cede el proyectil al momento de impacto, o sea en libras /pie (o joules metros según prefiera)

Tomemos cuatro cartuchos bien conocidos por nosotros, todos ellos aptos para la fauna en juego y nuestro estilo de caza, de los cuales dos están considerados como “suaves”, mientras que los otros dos representan los más “pesados” dentro de su categoría. Del cuadro adjunto saque sus propias conclusiones, y en el proceso prepárese para algunas sorpresas.

Cartucho- Peso punta- Velocidad- Energía a 200 metros- Retroceso

.243 Win.- 100 grains- 2.064 p/s- 1.450 l/p- 5.26 l/p

.308 Win.- 150 grains- 2.794 p/s- 2.026 l/p- 10.10 l/p

7 mm R.M. - 160 grains- 2.863 p/s- 2.245 l/p- 11.20 l/p

.300 W.M.- 180 grains- 3.400 p/s- 2.584 l/p- 15.11 l/p

Uno de los aforismos entre los viejos cazadores plantea algo digno a lo cual prestar atención. El mismo manifiesta que cuanto mayor es la habilidad del cazador con su arma, menor será el diámetro y la planta motriz del cartucho que necesitará para lograr los mismos resultados que su vecino con otro de mayor diámetro y potencia.

Lo que le está diciendo con esas pocas palabras es que sí UD conoce la anatomía de su presa, el rendimiento de su proyectil, y además puede disparar adecuadamente, no necesitará de un obús para lograr lo que se propone. A eso se le llama experiencia y habilidad.

Sin embargo ante el primer fallo con una presa, la reacción de la mayoría de nosotros es la de aumentar la potencia del cartucho y el diámetro de su punta, en un vano intento por compensar así nuestra falta de habilidad con el arma. Lo que con esto intentamos hacer es reemplazar precisión por energía bruta, sin tener en cuenta que ese exceso de energía es lo que nos hace cometer errores.

El retroceso percibido, que es lo que cada uno de nosotros deberá medir para determinar su grado de confort ante cada cartucho varía de persona a persona.

Manteniendo el tipo de cartucho, el peso y longitud del arma constante, la energía generada será siempre la misma, siendo el peso del tirador, el espesor de la ropa que esté empleando y la intensidad con que percibe el ruido y el destello del disparo (rebufo) lo que determinara la “calidad del culatazo”.

Por que de todos estos factores enumerados depende el retroceso percibido, el cual es una experiencia personal e intransferible, de poco nos sirve que alguien nos diga que tal o cual cartucho generan un retroceso equivalente a tantos kilogramos o libras. Eso no es más que un dato técnico, que no “muerde” en carne propia. Lo importante es saber como afecta sobre cada tirador la energía generada por cada cartucho.

Por lo tanto sí no posee experiencia con los diferentes cartuchos, y el retroceso que genera cada uno, y lo que está tratando es de hacerse una idea antes de salir de compras, un consejo sano sería experimentar con alguno de los cuatro mencionados de manera de tener una idea que le permita comparar, y recién una vez hecho esto comenzar a buscar, ya sea incrementando o disminuyendo la potencia.

¿Cuál podría ser un parámetro fiable que nos oriente en nuestra búsqueda?

Cualquier cartucho que nos resulte placentero de disparar, al punto que nos permita hacerlo a mano alzada tres veces consecutivas sin fallar, sobre un plato de plástico de 20 centímetros de diámetro colocado a 100 metros de distancia. Sí puede hacer eso créame que disparando con apoyo, que es lo que ocurre en la mayoría de las oportunidades, podrá colocar ese mismo disparo con “precisión quirúrgica”

De los cuatro cartuchos presentados, más de un lector planteará que el .243 Winchester es poca cosa ante un ciervo de 200 kilogramos o más, como los que enfrentamos en Argentina. Sin embargo puedo decirle, por haberlo comprobado personalmente, que ese pequeño petardo bien empleado es una máquina de matar.

Durante 1997 tuve la oportunidad de presenciar a un amigo abatir a lo largo de la temporada once ciervos axis con un solo disparo del .243 Winchester (dotado con puntas Barnes X de 85 grains), y en una sola ocasión fue necesario acabar el sufrimiento de una de las presas con un segundo disparo de remate, ya que en las otras diez oportunidades parecían haber sido fulminados por un rayo dada la velocidad con que estas presas se desplomaron.

¿Pero que es lo que hace tan temibles a éste pequeño cartucho que a simple vista no parece ser capaz de hacer tanto daño?

Parte de la respuesta descansa en su bajo retroceso percibido (y real), lo que nos permite emplearlos con la precisión equivalente a la de un tirador experto.

Sí UD tuviese la oportunidad de ver como desaparecen de la mira los ciervosy jabalíes con un disparo al cuello con éste cartucho, terminaría comprendiendo el punto que he querido resaltar desde el comienzo: que es preferible emplear algo que podamos manejar con absoluta precisión antes que uno de esos atroces cartuchos que de solo verlos nos desata una crisis artrítica en el hombro.

Volviendo al tema, y antes de que se decida a comenzar con sus pruebas de laboratorio, deseo recordarle algo.

Cuanto mayor sea el peso del arma empleada y menor el de la punta a disparar, menor será el retroceso de la misma.

¿Por qué planteo esto? Por que en sus experimentos deberá considerar este factor y mantenerlo constante entre las armas que pruebe. Un rifle de 6 kilogramos recamarado para el .335 Winchester Mágnum puede generar un retroceso igual al de un arma de 3 kilogramos recamaraza para el .243, para luego sorprenderlo en forma muy desagradable al emplearlo en un arma más liviana.

Aunque parezca mentira una variación de tan solo 500 gramos, que es lo que puede pesar una mira óptica, es capaz de reducir o incrementar la fuerza de retroceso de un cartucho en una libra/pie. Ese peso extra, mas el de una correa de cuero, que suma otros 250 gramos, y el espesor de la ropa en uso incidirán sobre la fuerza percibida por su hombro.

Bueno, aquí tiene Ud. la información necesaria como para finalmente poder escoger el perfecto cartucho para sus planes. Suerte.

PD: Si desea averiguar con exactitud la fuerza de retroceso que genera su arma puede escribir a

drstilmann@gmail.com,

sin olvidar de dar el peso total de la misma tal cual la emplea en sus salidas, la longitud del cañón, y si lo sabe, el peso de las puntas que empleara (figura en el embalaje de la munición) A la vuelta de correo tendrá su respuesta.


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