Cazando durante y después de la berrea.
Para el cazador de rececho del hemisferio norte la temporada de caza de ciervos (rojos) abarca cuatro meses, desde mediados de septiembre hasta mediados de enero (de mediados de marzo a mediados de julio en el hemisferio sur) Durante ese lapso la caza discurre a lo largo de tres perÃodos muy diferentes entre sà de la vida de estos animales, afectando su comportamiento. Esto es algo importante para nosotros ya que para lograr nuestro objetivo tendremos que cazar de diferentes formas.
A pesar de que la temporada es larga (si uno puede aprovecharla en su totalidad), por lo general no resulta de esa manera para el grueso de los mortales. De modo que para no fracasar, las pocas salidas disponibles deben de aprovecharse al máximo. Pero, ¿cuál es la relación entre la duración de la temporada y estas variaciones en el comportamiento de los animales que mencionáramos más arriba?
Quizás el mayor reto para el cazador que dispone de poco tiempo para su deporte sea poder determinar dónde se encuentran las presas dentro del territorio asignado. Esa sola información reduce en mucho los tiempos de búsqueda, aumentando por ende las posibilidades de anotar. Y, como adivinó, esos tres perÃodos mencionados tienen relación directa con el tiempo de búsqueda y la distribución territorial.
Sà uno acepta que durante los primeros dos meses de la temporada la distribución y el comportamiento de los ciervos depende de los niveles de hormonas sexuales que presentan en sangre, y que en los dos últimos meses de esa temporada es la temperatura la que incide sobre la esa distribución en el terreno, las cosas se tornan más sencillas para todos.
Quizás la forma más simple para comprender estos cambios y cómo aplicar estratagemas de caza exitosas sea siguiendo paso a paso esa evolución de los niveles hormonales. El paseo abrirá un nuevo mundo de posibilidades ante nuestros ojos.
En éste punto introduciremos un axioma.
Desde mediados de septiembre a mediados de noviembre, lapso correspondiente a los dos primeros perÃodos de la temporada de caza del ciervo rojo se lo hará alrededor de las hembras, y de allà en más y hasta el final de la temporada, lo cual representa el tercer y último perÃodo, se lo hará alrededor de la comida y los refugios de invierno de los machos.
¿Por qué? Por que desde mediados de septiembre es el aumento hormonal sufrido por las hembras lo que hace girar y atrae a los machos a su alrededor, y por que desde el momento en que esos niveles caen a valores normales, lo cual ocurre a mediados de noviembre, los machos se verán atraÃdos por la comida para reponer ese 20% de peso perdido en la berrea. Esto último y las bajas temperaturas los obligarán a buscar territorios más protegidos en cotas más bajas, que les ofrezcan la posibilidad de sumirse en su vida de reclusión que tanto atesoran.
De lo dicho hasta aquÃ, ¿ha quedado todo en claro? Por supuesto que no, y para entender esos cambios y la relación que los mismos tienen con nosotros y con nuestras técnicas de caza será necesario recorrer paso por paso las modificaciones en la conducta por las que pasan los animales durante se perÃodo.
Estos tres perÃodos en los cuales dividimos la temporada de caza corresponden al primer ciclo menstrual que toma lugar en la berrea, conocido como berrea real o primaria. A continuación le sigue la falsa berrea o berrea secundaria, representada por el segundo ciclo menstrual. Ambos perÃodos duran 28 dÃas. Finalizado el mismo y hasta mediados de enero o comienzos de febrero, momento en el cual se produce el desmoje, toma lugar el tercer perÃodo de la temporada de caza.
Aquà veremos detalladamente el desarrollo del primero de los segmentos, entrando en detalle del comportamiento que lucen estos animales, los por que para ello y cómo debemos de actuar para lograr nuestro propósito. En el siguiente número trataremos el resto de la temporada.
La berrea real o primaria.
Éste perÃodo comienza en el exacto momento en que la primera de las hembras de la manada se torna receptiva al avance de los machos, lo cual ocurre a mediados de septiembre.
Desde unos dÃas antes, los descensos de temperatura, y particularmente el acortamiento de las horas de luz diurna van actuando sobre la hipófisis haciendo que la misma active secreción de las hormonas estimulantes de los ovarios, los que a su vez reaccionan aumentando la secreción de estrógenos por parte de las hembras. Por su lado los machos vienen aumentando también gradualmente sus niveles de testosterona, hormona responsable por sus cambios de comportamiento, tornándose en animales solitarios, hoscos, territoriales y agresivos, además de ser la responsable por el aumento de la masa muscular de los músculos del cuello.
Lo que en un comienzo fueron escaramuzas para determinar quien era el dueño del harén, se torna repentinamente en batallas diarias que pueden terminar en la muerte de uno o ambos contendientes, aunque por lo general esto no sucede.
Los machos reclutan cuantas hembras pueden, pero por lo general los harenes promedian en los diez animales.
No todas las hembras entran en celo en el mismo dÃa,
lo cual obliga al macho al macho a mantener una vigilia constante, chequeándolas una por una, de manera de poder seguir sus progresos a la hora.
Esta actividad continua, más los duelos de verbales y los fÃsicos que debe de mantener con los demás pretendientes, que pueden llegar a un combate por dÃa cuando la competencia es grande, agotan rápidamente al animal, el cual al cabo de unos cinco dÃas termina cediendo su jefatura a un segundo.
El macho destronado suele mantenerse en las cercanÃas de la manada, reponiendo fuerzas y compartiendo esté territorio periférico con otros macho Beta, o satélites. Dependiendo del grado de desgaste sufrido, podrá o no intentar desplazar a su seguidor, lo cual no es frecuente. Evidentemente todo el mecanismo es uno de los tantos empleados por la Naturaleza para diversificar el aporte genético al grupo.
¿Cuál es la importancia práctica de todo esto? Haber comprendido que no solamente los machos de porte se encuentran al lado de las hembras. No es infrecuente hallarlos entre los del segundo cÃrculo, llamados ciervos Beta o periféricos, por lo que no hay que irse de bruces a buscar entre las faldas o alrededor de las mismas.
De manera que durante éste perÃodo tenemos un cÃrculo central compuesto por unas cuantas hembras, sus crÃas y un ciervo alpha, rodeado de un segundo cÃrculo externo conformado por machos Beta. Y son esos dos cÃrculos de ojos vigilantes es lo que debemos trasponer sin ser descubiertos.
El primero de ellos, el cÃrculo externo, es laxo. El problema lo representa en el segundo cÃrculo. Las hembras, las encargadas históricas de la seguridad de la manada, no ceden en sus funciones ni aún cuando están a punto de ser servidas, lo cual no es el caso de los machos, que durante la berrea se tornan en animales desaprensivos, dispuestos a tomar riesgos que ni considerarÃan como una opción en otro momento.
Los mjores dÃa para el "trofeista"
Otro aspecto práctico a considerar es que, sà uno está detrás de un trofeo para ostentar en la pared, esto es sin puntas rotas, los primeros dÃas de la berrea son los mejores. En la medida en que las peleas por el trono se sucedan, las posibilidades de fracturas aumentan.
¿Y que hay de los llamados imitando las vocalizaciones de un challenger? Durante ésta primera etapa, el ciervo dominante tratará de no prestar atención a los mismos, y por el contrario reunirá a sus hembras con la intención de apartarlas del intruso. Es por esto que durante el primer perÃodo de la temporada estos engaños tienden a ser mucho menos efectivos. Sin embargo hay dentro de la temporada, un momento ideal para aplicar ésta técnica.
La técnica de cacerÃa durante ésta primera parte de la temporada se reduce a una mezcla de acecho en los extremos del dÃa, con rececho en la porción central del mismo. ¿Cómo se aplica esto en la práctica, suponiendo que habremos de cazar alrededor de las hembras?
Al comienzo de la temporada las temperaturas aún son altas, por lo que los animales realizan su ingesta principal fuera del horario en el cual hay luz solar. Normalmente ingresan a los campos de pastoreo unas tres horas antes del alba, para abandonarlos una hora después de la salida del sol.
Por la noche el proceso de abandonar el bosque para dirigirse a comer a esos mismos campos, comienza unas dos horas antes del ocaso y se mantiene hasta tres horas después del mismo.
Aclaración. Estos movimientos dependen de las temperaturas reinantes. Cuanto mayor sean las mismas, más tiempo se mantendrán en los campos de pastoreo, ya que no están expuestos a grandes pérdidas térmicas que los obliguen a buscar protección. Recuerde éste dato al momento de planear su estrategia.
La siesta.
Entre una o dos horas después de la salida del sol, y dos horas antes de su puesta, los animales permanecerán en los montes, bajo protección visual.
¿Cuál serÃa mi plan de acción bajo estas condiciones, habiendo decidido cazar de sol a sol?
Arriba a las dos o tres de la mañana, desayuno fuerte, una mochila con algo de comida y bebida dejando el campamento a tiempo para estar a las cuatro de la mañana apostado en la desembocadura de algún sendero en un campo de pastoreo. La intención es aguardar a la entrada de las hembras, con la esperanza de que el Alpha (y detrás del él los ciervos satélites) venga a la zaga, lo cual sucede muy a menudo, por no decir siempre.
Pero no espere que el animal asome sus narices a campo abierto asà por que asÃ. Sà lo hace será para alejar a algún impertinente o porque una hembra acaba de tronarse receptiva. Solamente en ese caso asomará su trompa bajo el sol. De lo contrario habrá que buscarlo en los alrededores de las hembras, justo bajo las sombras que se forman en el lÃmite entre el bosque y la pradera.
Al momento de apostarse tenga en cuenta tres cosas. Primero. Busque una ruta de accesos al lugar que planea apostarse que no lo obligue a contaminar con su olor la senda de los animales.
Segundo. Considera la dirección del viento. UD puede apostarse bien camuflado a campo abierto (pozo de zorro, unas ramas, etc) esperando la salida de los animales desde el bosque, o de lo contrario, cerca de un sendero, pero adentro del bosque.
Tercero. Considera la posición del sol a su salida, y haga lo imposible para que el mismo quede a sus espaldas. De esa forma podrá cazar desde la penumbra que se forma por debajo del disco solar sin necesidad de camuflarse. Simplemente los animales no podrán verlo. El truco es muy efectivo, y se lo emplea particularmente por las tardes para acercarse sin problemas hasta escasos metros de animales pastando en praderas totalmente abiertas que de otra forma son inexpugnables.
Resumiendo.
Lo visto hasta aquà corresponde a la estrategia de caza a aplicar en el primer perÃodo de la temporada de caza, que cubre de mediados de septiembre a mediados de octubre.
Cazaremos alrededor de las hembras, teniendo en cuenta el detalle de la vigilancia estrecha que ejercen, y lo haremos ya sea cerca de las hembras o en la periferia, ya que en ambos lugares o cÃrculos tenemos buenas posibilidades de lograr un ciervo alpha o un animal beta de excelentes condiciones.
En los extremos del dÃa se cazará apostado, mientras que entre las 10 de la mañana, hora en que los animales ya están dentro del monte, y la 6 de la tarde, que es cuando comienzan a abandonarlo para dirigirse a pastar, lo haremos al rececho, dentro del monte.
El mes entrante desarrollaremos los perÃodos restantes.
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