LA ESPERA

El artículo describe la técnica del aguardo o espera, particularmente la que se realiza a los suidos.

El acecho.

La espera, aguardo o caza al acecho como se la conoce, es una modalidad para individuos pacientes, solitarios, particularmente hábiles en el arte de buscar e interpretar rastros. Texto: Daniel Stilmann.

En oposición a la montería, que representa la cacería corporativa y cuantitativa, el acecho es en Europa un estilo de caza selectiva, orientada primordialmente a la obtención de trofeos, mientras que en América su objetivo principal es la alimentación humana y en forma secundaria la caza deportiva. Cuando responde a la búsqueda del trofeo, como en el primer caso, la selectividad que ejerce el cazador hace que el acecho ofrezca menos oportunidades de abate, otorgando en recompensa largas horas de espera, dónde el único placer proviene de desentrañar el significado de los sonidos y silencios de la noche, que en ocasión anticipan la entrada en escena del convidado.

La espera es un acto que requiere de una férrea voluntad y atención al detalle, además de un sólido conocimiento de campo.

'Esto último es importante, ya que no se trata de montar una emboscada en el primer lugar que nos agrade y sentarnos inmediatamente a esperar la entrada de la presa. Esto, cuando sucede, es sólo producto de la casualidad.

Así como no se monta un aguardo al azar, la mayoría de las presas no entran a una emboscada anunciándose. Tanto la tensa espera, por parte del cazador, como la cautelosa entrada en escena por parte de la presa, son partes de un mismo acto, con una coreografía intensamente ensayada por ambas partes. Desconocerla es para uno marchar al fracaso, para el otro representa a la muerte. '

De la misma manera que en el mundo anglo sajón al hablar de acecho se está hablando de la espera de cérvidos, en el mundo hispano cuando nos referimos a los aguardos nos referimos al del jabalí.

'Esto no significa que no se puedan montar éste tipo de emboscadas a otras especies, ya que los osos negros, el leopardo, el puma, el facocero, el duicker y los diferentes pecaríes y una miríada más de animales son susceptibles a ser abatidos de ésta manera, pero el mayor porcentaje de los acechos que se realizan están dedicados al jabalí y al ciervo.

Los motivos para esto son básicamente dos; que en los lugares donde se caza al acecho estas especies son generalmente nativas y abundantes, y en el hecho de que el comportamiento que ostentan cérvidos y suidos resulta ideal para desarrollar ésta modalidad.'

¿En que radica la importancia de conocer el comportamiento de estos animales?

' Para salir airoso de un aguardo se precisa poder prever de alguna manera que la presa buscada concurrirá al lugar seleccionado en un momento específico del día, lo cual puede predecirse con buenas posibilidades de acertar. Las fases del comportamiento a las que hacemos referencia aquí son la territorialidad que observan estos animales, y el hábito de alimentarse en forma repetitiva en determinados sectores a horarios relativamente fijos.

Sí a los factores enunciados se le suma la facilidad que tenemos para localizar a estos animales dada la gran cantidad de rastros que dejan, entenderemos por que estas dos especies se prestan tan bien para la caza de acecho.

Una vez más, ¿Qué tan importante es el rol que juega el conocimiento de la conducta animal para poder prever cuando y dónde los encontraremos? Considere lo siguiente.'

'El puma puede ser atraído a un buen cebadero, pero dada su escasa población, comparada con la de los jabalíes o ciervos, y al hecho de que éste felino presenta un territorio lineal muy extenso, que tarda 15 días en recorrer, es muy difícil predecir cuando hará su aparición en un punto determinado por bien armada que esté la trampa. En éste aspecto, tanto el jabalí como el ciervo, por poseer un territorio más pequeño, resultan animales de conductas más fácilmente predecibles.

Al respecto de la caza al acecho del jabalí es mucho lo que es preciso saber, comenzando por los tipos de cebo indicados para cada especie y época del año, como y donde armar el cebadero, los mejores días del mes para cazar al acecho, como se escoge el emplazamiento del apostadero, como se lo construye, que miras, tipo de armas y cartuchos son los más adecuados, y aún nos quedaría por describir la técnica en general y hasta la interpretación de los sonidos y silencios de la noche. Sugiero que comencemos por los aspectos generales de la técnica.'

Asumiendo que nos dedicaremos a la caza del jabalí lo primero debemos hacer es planear la espera.

'Del período de tiempo que disponemos mensualmente para cazar al acecho con luz lunar, que dura aproximadamente 15 días, se dice que los primeros cinco de ellos están dedicados a la caza de animales jóvenes con destino la olla. El segundo tercio para lo que tenga a bien salir, y el último período para la caza de trofeos.

Con respecto a estos períodos, y al momento de fijar sus objetivos, recuerde que un animal de un año puede tener amoladeras y defensas pequeñas, pero se deshace en el paladar, mientras que berraco viejo muestra unas defensas magníficas, pero que por duras y flacas no sirven ni para puchero.

En otras palabras. Cuanto más avanzado estemos en el período lunar más horas tendremos que permanecer apostados y más viejos serán los animales que veremos. ¿Por qué?'

Aquí juega un papel importante los diferentes horarios de alimentación de los componentes de la piara con relación a la hora de salida de la luna, aunque también la naturaleza perezosa del humano tiene su rol.

Cuanto más cercano cacemos al inicio del ciclo, más temprano sale y se oculta la luna.

'Esto significa que en los primeros días del mismo ésta ya estará arriba y brillando casi inmediatamente después de la puesta del sol, que es cuando la piara, formada por las madres y sus proles salen a comer. Por lo tanto, sí lo que se desea es abatir un animal joven para la olla, sin tener que para ello montar una larga espera, éste es el momento oportuno. Con un poco de suerte para las diez de la noche ya puede estar en casa.

A medida que los días transcurren la luna sale cada vez más tarde, y hacia el final del período llega a compartir el firmamento con el sol en su salida. Bajo estas circunstancias, la piara que no variará sus horarios, sale a comer cuando aún no tenemos luz suficiente como para poder ver con claridad, de manera que esa oportunidad para disparar se pierde. '

Por lo general los jabalíes adultos, aquellos que saben más por viejos que por Diablo, hacen sus incursiones gastronómicas a lugares peligrosos pasada la medianoche y hasta poco después del amanecer.==

'En ésta situación la espera puede ser muy larga, considerando que se debe de entrar al apostadero antes de la caída del sol, y que hay que mantenerse en el mismo callado, inmóvil y alerta por un periodo de doce horas o más. Esto explica el papel que juega la pereza humana en éste tipo de cacería. Para muchos esto es una “tortura” que no creen necesario soportar, sobre todo sí hace frío.

El lector tiene entonces el derecho a plantearse que motivo hay para entrar al apostadero tan temprano, cuando las intenciones son las de abatir un trofeo, que seguramente aparecerá después de la media noche. ¿Por qué no evitarse esas horas muertas y dirigirse al lugar a último momento? La explicación tiene su razón de ser con la forma en que se mueven estos animales en sus rondas nocturnas. '

'Su desplazamiento es lento, y antes de entrar a comer en un lugar abierto, donde presienten que estarán expuestos a miradas indiscretas, dan un largo rodeo a la zona para asegurase de que el mismo no entraña peligro. Éste rodeo, que matizan tomando un bocado aquí y otro allá, puede tomar horas, y durante el mismo están constantemente atentos a cualquier indicio que pueda señalarles el peligro.

Esto significa que mientras estamos apostados, creyendo estar a solas, puede haber un animal a no más de cincuenta metros de nosotros, comiendo tranquilamente en medio de las sombras esperando a que delatemos nuestra posición. De aquí la importancia de entrar tanto tiempo antes al apostadero y de mantenernos en silencio dentro del mismo.'

Por lo tanto lo ideal es llegar aún con luz natural y con tiempo suficiente como para acomodarnos y dejar que el monte “olvide” nuestra intromisión.

'Pero también tiene que ver con nuestro proceso de adaptación en el cambio de visión diurna a nocturna, y con la necesidad de aquietarnos y tomar el ritmo del entorno hasta pasar a formar parte del mismo.

Este tiempo de adaptación visual puede ser llevado a cabo junto con el cambio de luz diurna a nocturna, período que podemos aprovechar para estudiar la ubicación de cada mata y cada roca dentro de nuestro campo visual, de modo tal de que el proceso de reconocimiento de los objetos se nos haga más simple al momento de la verdad. '

Pero quizá el más importante de todos los procesos de adaptación sea el dirigido a reconocer la diferencia entre los sonidos y los ruidos que emiten los animales diurnos y los nocturnos.

'Poco a poco los sonidos de los primeros se van acallando, dando lugar al silencio, lo cual coincide con la caída del sol. Por un período prolongado se hace un silencio espectral, y luego, de a poco, van surgiendo los sonidos de los habitantes de la noche, como pisadas subrepticias, el chasquido de una rama rota, el roce de la piel contra un arbusto y hasta el bullicio de las peleas entre los jabatos.

En ocasiones es el piar alcahuete de algún ave asustada por el paso de un predador que nos pone sobre alarma, tensos, inquietos. En otras es el resoplido de un animal enfadado o molesto con algo, pero como sea los lapsos de silencio son raros, y cuando se producen es por que alguien ronda, probablemente un macareno tratando de decidir sí ese banquete servido, y a la vista, es lo que parece y no trae cola.'

'Cada sonido nos brinda una nueva esperanza, que va tensando los nervios, preparándonos para la gran entrada en escena, que en ocasiones es totalmente sorpresiva, casi fantasmal. De repente allí está, cuando instantes antes en ese lugar no había nada.

Y es bajo la tensión de no saber cuanto tiempo esa presa nos dará blanco, que hay que determinar sí es macho o hembra, trofeo o no, todo ello bajo condiciones de luz imposibles. En esos términos es que debemos de tomar la decisión, decisión que posteriormente será inapelable, ya sea que acertemos o no.

No creo haber mencionado hasta aquí nada nuevo. Tampoco ha sido esa mi intención. Lo que deseaba transmitir es la mística del aguardo. Sí uno no la vive, entonces el mismo carece de todo sentido, no es para uno.'Uno puede programar una espera hasta el menor de los detalles, contando con todas las comodidades, y aún así fallar, y no por ausencia del convidado, si no por abandono del cazador. Es difícil permanecer quieto durante horas, con frío, incómodo, añorando una buena cama o preguntándose que hace uno allí, y todo ello sin recompensa alguna. En ese momento es cuando quien nos vence no es la presa, si no nuestro desaliento.

Durante la espera, con la visión reducida a un mínimo y limitados en nuestros movimientos, no resulta sencillo mantenerse concentrado.

'Esa falta de estímulos pronto lleva al hastío, siendo la causa por la cual la mayoría abandona la posición antes del nuevo día o de la culminación del lance.

El truco consiste entonces en mantener la mente ocupada, ¿y que mejor que pasar la espera analizando los sonidos de la noche, interpretándolos? Basta con el piar alarmado de un ave, que nos indica que alguien se está moviendo para poner en marcha la maquinaria de la imaginación.

¿De dónde proviene el sonido? El ave que pió, ¿es diurna o nocturna? ¿Ese sonido es normal, corresponde a los sonidos habituales de la noche, o no es así? ¿De la dirección que lo escuchamos provenir, podría acercarse un animal? ¿Cómo está soplando el viento en éste momento con respecto a la dirección de la que partió el sonido? ¿Nos favorece?'' Y así uno puede plantearse mil preguntas más, preparando un plan, tratando de anticipar la dirección de entrada o el próximo movimiento de la presa. Con un poco de suerte e imaginación se pueden vivir las expectativas de más de una cacería en una sola noche, manteniéndonos ocupados, con la mente activa, mientras el tiempo pasa.

Y de improviso ahí está, en carne y huesos, muy real. Y uno dispara y todo termina, para darnos cuenta más tarde, al revisar los hechos, que en realidad el tiempo que más hemos disfrutado fue el de cada uno de aquellos lances imaginarios, que terminaron en la nada, pero que nos ayudaron a mantenernos interesados hasta el final.'

Para encontrarle el sabor a la espera nocturna el secreto radica en las vivencias del cazador, en las emociones que surgen de cada una de esas “películas” que uno recrea en la mente. De lo contrario sentarse por doce horas, incómodo y aburrido, a esperar a un señor que puede aparecer o no, no es para nadie.


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