QUE SABE UD SOBRE CAMUFLAJE

El artículo describe los nuevos hallazgos sobre la visión de los cérvidos y como los mismos pueden ser aprovechados en beneficio propio durante la cacería.

¿Qué sabe UD sobre el camuflaje?

Texto y fotografías por Daniel Stilmann.

El arte del camuflaje consiste en lograr hacer desaparecer la forma humana, aunque manteniendo intacto su contenido letal.

La información que se brinda a continuación nos permitirá hacernos una idea clara sobre el proceso de la visión de los cérvidos. Este tema resulta de importancia fundamental para el cazador, particularmente para los arqueros y aquellos que cazan al rececho.

No se sabe con certeza sí los suidos y demás especies de alto valor cinegético presentan un sistema visual similar, pero es de suponer que así es. El motivo por el cual desconocemos tanto al respecto es por que los estudios anátomo-patológicos necesarios son costosos y dentro del mundo de la ciencia nadie se interesa mucho por la los deportes de sangre.

Por lo tanto, ¿quién que no sea un cazador podría estar interesado en la forma en que perciben los ciervos? Simple; el Departamento de Transporte y Seguridad Vial. Se estima que solamente en los Estados Unidos las pérdidas anuales por colisiones entre cérvidos y vehículos supera la cifra de los mil millones de dólares. Estos valores corresponden a reparaciones, pérdidas de días laborales, hospitalizaciones y pago de pólizas, y se obtienen de las compañías de seguros, motivo por el cual pueden considerarse como muy confiables.

Los americanos del norte, que son quienes llevaron a cabo la investigación aludida, pueden ser catalogados de muchas cosas, salvo de desaprovechar oportunidades. Ellos no solo ven (y sufren) estas pérdidas materiales directas originadas por los mencionados accidentes; no pueden dejar de pensar en las oportunidades de negocio desperdiciadas con esas muertes inútiles de tantos animales. Claramente el deceso de los mismos origina gastos importantes al Estado y a los individuos, además de no generar ni un solo dólar de ganancia a nadie, ya que por esos animales nadie pagó por una licencia de caza, un arma, un guía, alojamiento, compra de combustible, pasajes de avión ó munición. En definitiva, un verdadero desperdicio. Para un pueblo que no acepta que nadie muera sí no tiene sus impuestos al día, esto no es aceptable.

Dispuestos a analizar las causas de estos accidentes para poder encontrarle una solución, partieron de la base de que los mismos probablemente se deberían a fallas en los sistemas de detección visual de los humanos, ¡y de los cérvidos!

Pronto comenzaron a hacer las autopsias y correspondientes estudios anátomo-patológicos de las malogradas bestias. Particularmente de sus ojos, y en ellos poniendo especial énfasis en sus retinas.

Para poder sacar conclusiones de los resultados obtenidos es necesario antes comprender como funciona nuestra visión, de modo de que podamos partir de una base conocida para comprender que y como ven los cérvidos.

El ojo humano presenta dos tipos principales de células que funcionan como receptores dedicados a la visión; los conos y los bastones. Los primeros son los que empleamos para la visión diurna (que nos permite ver los detalles finos o las formas de las cosas), y para la visión cromática.

La visión cromática humana está preparada para diferenciar tres grupos de colores; el primer grupo es el del rojo-naranja, el segundo capta la longitud de onda del amarillo, el amarillo-verde y el verde, y el tercer grupo corresponde a la percepción del color azul, que forma el extremo opuesto al del rojo en el arco cromático.

¿Cómo está compuesta la retina cervuna? Sólo presenta receptores para el amarillo y el azul, de modo que del color rojo, naranja y verde solamente logran percibir el componente amarillo y azul de dichos colores. Por favor memorice esto.

El segundo tipo de células presentes en nuestras retinas son los bastones, mucho menos precisos en cuanto a detalle y resolución, responsables por la visión periférica, y en particular por la visión nocturna, que en nosotros es mala, pero que en los ciervos es excelente. Éste es otro dato a tener en cuenta, ya que sí antes pensaba que por andar a oscuras podía pasar desapercibido éste es el momento para que revea sus convicciones.

La visión es un acto extremadamente complejo, en el cual el reconocimiento de un objeto se logra mediante la percepción del color, la forma y/o el movimiento del mismo. Cuando el reconocimiento de algo se lleva a cabo empleando solamente la visión, como ocurre con el reconocimiento a distancia, en el que el tacto, el gusto o la olfacción no juegan papel alguno, es la suma de esos tres primeros datos (forma, color y movimiento) las que no permite distinguir el objeto en cuestión. La ausencia de uno o más de esos datos crea confusión al espectador, ya sea humano o no, y en esto se basa el éxito del camuflaje visual, en negar parte o la totalidad de la información necesaria para confundir al cerebro.

Hemos dicho que la retina de los cérvidos carece de los receptores para el rojo-naranja y para el verde, presentando solamente aquellos para el amarillo y el azul. Por lo tanto comparando sus retinas con las nuestras, en el departamento cromático se encuentran en franca desventaja. Al no distinguir el rojo y el verde una tela de éste último color será vista como un amarillento azulado, ya que el verde está compuesto por pigmentos amarillos y azules, mientras que el paño color rojo será percibido como un amarillo ocre.

Dado que el pasto y la vegetación en general es de color verde, que los ciervos ven de una tonalidad amarillenta, el cazador vestido en verde o naranja no será más que otra forma coloreada en una particular variedad de amarillo, que tiende a confundirse con el entorno.

En cambio sé el cazador se encuentra empleando ropas de color azul, que los ciervos distinguen muy bien, será fácilmente detectado, independientemente si es de día o de noche.

Volvamos a nuestro cazador vestido de color verde, rojo o naranja. Recuerde que el uso de estos dos últimos colores se están volviendo más frecuentes en los países más avanzados en cuanto a legislación deportiva, por lo tanto no los descarte como parte mandataria de su futuro ajuar cinegético.

Supongamos que nuestro amigo se encuentra erguido en medio de un pastizal de color verde, totalmente cubierto por un traje de un verde algo más oscuro, incluyendo su cabeza, rostro y manos. ¿Qué ve un ciervo que lo esté observando, o es que nuestro sujeto se ha vuelto invisible?

Ni mucho menos. El ciervo continuará percibiendo al humano, y reaccionará de acuerdo a ésta información, o sea que se esfumará. En éste caso lo que el animal ve es una figura humana de color amarillo, circundada de más amarillo, aunque de diferentes tonalidades. Pero en medio de ese manchón monocolor seguirá percibiendo el contorno de su temido predador, o reconociendo su particular patrón de marcha.

Esto explica por que no nos bastará con el color para camuflarnos. Para lograrlo es además necesario alterar el contorno, y para eso están esas famosas líneas ondulantes en los trajes camuflados clásicos, cuya función es la de romper la figura del usuario.

¿Qué es necesario para desdibujar nuestra forma además del color de las prendas empleadas y las famosas rayas u otros diseños similares? Es imprescindible encontrarse rodeado de ramas u hojas verdaderas y no ofrecer nuestra silueta contra un cielo claro que haga de contraste.

Sí a todo esto le sumamos la inmovilidad, el ciervo se verá imposibilitado de reconocernos por el color, la forma o el movimiento, a menos que estemos lo suficientemente cerca como para que nos olfatee o nos escuche emitir algún sonido que ellos puedan reconocer como emitido por un humano, en cuyo caso podemos dar por descontada la huída inmediata.

Dejemos un poco la teoría y pasemos a la práctica. ¿Qué conceptos prácticos podemos sacar de todo esto?

Primero, que el vestirse con ropa camuflado no lo volverá invisible si no tiene cuidado con detalles como el contorno o el movimiento.

Sí no está mentalmente preparado para emplear ropa camuflada color naranja o roja, y quiere mantenerse dentro del verde clásico, sin ningún tipo de diseño estampado, asegúrese de emplear diferentes tonos de ese color con cada prenda, como lo son la camisa, el pantalón, el sombrero y los guantes, y no olvide de cubrir ese óvalo que brilla como un sol en medio de la penumbra que es su rostro. De ésta forma el animal percibirá las diferentes partes de su cuerpo en diferentes tonalidades de amarillo o azul, haciéndosele más difícil el proceso de integración y reconocimiento de la imagen.

Aún así no permita que su figura se recorte contra el cielo, evite los espacios abiertos para desplazarse y cuando lo haga hágalo lentamente, empleando la vegetación circundante para ocultarse, aunque más no sea parcialmente.

Quizás la mejor forma de asimilar toda ésta información es analizando las fotografías incluidas ex profeso. La forma de hacerlo es detallada a continuación.

Cada uno de los tres juegos de imágenes consta de tres fotografías idénticas (pero de diferentes tonalidades) colocadas siempre en la misma secuencia. La primera de ellas representa la visión tricromática humana, en la cual están presentes el rojo, el amarillo-verde y el azul. La segunda corresponde a la visión diurna de los cérvidos. Es una fotografía dicromática donde el color rojo y el verde están filtrados y hay un refuerzo del amarillo. La última fotografía, también dicromática, representa la visión nocturna de estos animales, lo cual se hace a expensas de la longitud de onda de los azules.

Además del cambio de color es importante resaltar otros detalles en ellas.

El primero de ellos es que por más que la visión pase de tricromática a dicromática, el contorno de la figura, mediante el cual podemos ser fácilmente reconocidos, no desaparece (fotografías 1, 2 y 3) Aún empleando una chaqueta camuflada, y estando parado contra un fondo tupido, el contorno resalta en forma notoria, siendo más notorio en la fotografía que corresponde a la visión nocturna del los cérvidos, lo cual se agrava por el empleo de un pantalón de color azul, el color que mejor ven.

El otro defecto notorio es como resaltan las manos y el rostro, particularmente en la noche, por lo tanto no olvide cubrir estas partes de su cuerpo, y en particular de no andar agitando las manos.

El segundo juego de imágenes, compuesto por las fotografías 4, 5 y 6, está destinado a remarcar el problema que se sucinta al no cubrir las manos y el rostro, particularmente durante las horas de poca luz. El problema del contorno sigue presente, aunque en menor escala, ya que la fotografía es de medio cuerpo y al no estar presentes los miembros inferiores el reconocimiento puede tornarse más difícil.

El último grupo, representado por las fotografías 7, 8 y 9, se acerca a la situación ideal, sin embargo hay dos errores de técnica intencionales. Observe como en la posición de cuclillas cuanto más difícil es reconocer el contorno humano, aunque la fotografía haya sido obtenida a una distancia de tres metros, y que por delante del sujeto no hay ramas ni hojas (primer error intencional), salvo en la parte inferior, donde el perfil se desdibuja mucho más que en la zona del torso. Sí las mismas fotografías hubiesen sido obtenidas desde una distancia de 50 metros, el efecto del camuflaje se vería magnificado notablemente.

El segundo error es haber permitido el empleo de pantalones de color azul, que hace que la zona de la rodilla izquierda resalte como un círculo brillante que indudablemente atraerá la atención del animal, por inmóvil que se encuentre el cazador.

Antes de despedirnos permítame reforzar estos conceptos sobre la visión con tres ejemplos. El refrán que dice que “resalta como mosca en la leche” es un claro ejemplo del reconocimiento por el color. Obviamente el color negro, y no el contorno o los detalles de la mosca, que son muy pequeños para ser captados a la distancia por el ojo humano, es lo que nos permite llegar a la conclusión de que “eso” es una mosca.

Una culebra de color verde, quieta, sobre matas del mismo color es casi invisible, y generalmente es descubierta por su patrón ondulante cuando se pone en movimiento, constituyendo nuestro ejemplo de reconocimiento por el movimiento o forma de andar.

Por último un elefante estático en medio de una pradera a latas horas de una noche con poca será reconocido por su contorno particular, ya que ni su color, ni la ausencia de movimientos nos ayudará en el proceso de identificación.

Aprender a “ver” como los ciervos, como para poder explotar ese conocimiento a nuestro favor es algo que le llevará tiempo y mucha práctica, esfuerzo que a mi entender, bien vale la pena.


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