CACHO CUCHI: UN VIEJO Y QUERIDO CARTUCHO.

UN VIEJO Y QUERIDO CARTUCHO: El 7,65 MÁUSERCacho Cuchi es oriundo de la Provincia de Buenos Aires y reside en la ciudad del mismo nombre Es amante de la caza de jabalís y la recarga de armas largas y cortas, habiendo volcado parte de su experiencia en revistas como las desaparecidas Aire & Sol, Camping y Magnum de Argentina El presentre artículo trata sobre las experiencias vividas por el autor con un cartucho clásico, conocido en América Latina, Turquía y Bégica, el 7,65 X 53 Máuser, pero ignorado en el resto del mundo Sin embargo éste viejo cartucho, el primero de los diseñados por Paul Mauser, ha sido la base de otros de más renombre, como el 303 British y hasta el mismo 308 Winchester Texto por Cacho CuchiLa charla que les propongo no va a ser larga Pero sí lo suficientemente válida como para que les sirva y les deje recuerdos positivosCasi toda mi actividad cinegética la logré con ese rifleLes dejo a continuación un brevísimo compendio de las cargas que en mis experiencias me dieron mejores resultados

UN VIEJO Y QUERIDO CARTUCHO: El 7,65 MÁUSER.

Cacho Cuchi es oriundo de la Provincia de Buenos Aires y reside en la ciudad del mismo nombre. Es amante de la caza de jabalís y la recarga de armas largas y cortas, habiendo volcado parte de su experiencia en revistas como las desaparecidas Aire & Sol, Camping y Magnum de Argentina.

El presentre artículo trata sobre las experiencias vividas por el autor con un cartucho clásico, conocido en América Latina, Turquía y Bégica, el 7,65 X 53 Máuser, pero ignorado en el resto del mundo. Sin embargo éste viejo cartucho, el primero de los diseñados por Paul Mauser, ha sido la base de otros de más renombre, como el .303 British y hasta el mismo .308 Winchester. Texto por Cacho Cuchi.

En esta época de tecnología digital, donde click de por medio se llega a cualquier parte del mundo, y donde se puede acceder en contados segundos a una información específica, sin más molestia que sólo nombrarla, parece un poco utópico querer hablarles de nomenclaturas y especificaciones técnicas de un calibre como el 7,65 Mauser, que ya es casi histórico, por haber sido el primero de los cartuchos diseñados por Paul Mauser en ser cargado con pólvora sin humo, allá a fines de 12880, y haberse constituídio en el precursor de otros hoy mucho más conocidos, tales como el .303 British o el mismísimo 308 Winchester, luego de un largo camino.

Pero hay algo que sí es útil y valedero, y ese algo es la experiencia personal que uno pueda haber elaborado a raíz del contacto estrecho que se vivió en su cercanía.

Este preámbulo es casi indispensable para que entiendan mi pasión por él. Fue el conjunto arma-calibre de mis inicios como tirador de polígono y, lo que es más importante, como cazador, allá bastante lejos, rondando mis 20 años. O sea que les hablaré de un viejo y querido amor, sin el abuso de fórmulas matemáticas ni trayectorias ni comparaciones enfermizas con calibres más actuales, que se perfilan hoy como los Fórmula Uno en esta carrera de nuevos cartuchos, magnums, cortos, medianos y largos y toda su subsecuente hojarasca comercial que los hace nacer para alimentar el nunca saciado aparato comercial que vive detrás.

La charla que les propongo no va a ser larga. Pero sí lo suficientemente válida como para que les sirva y les deje recuerdos positivos.

Nuestro viejo 7,65 se introduce en Argentina de la mano de un fusil excepcional por lo estilizado y bello, el Mauser Modelo Argentino 1891, cuya silueta con cargador lineal delante del guardamonte, lo identifica inmediatamente.

Este rifle, alarde de maestría y excelencia en cuanto a mano de obra de fabricación, posee indudablemente una terminación y una precisión excepcional. Tiempo después, nuestro país lo reemplaza por otro modelo, más conocido y clásico, el Mauser 1909, copia del fusil del Ejército Alemán, el inmortal modelo 1898, también recamarado para el mismo cartucho, el 7,65 mm, aunque para servir en los ejércitos de otros países.

Este modelo, más fuerte y pesado, incorpora el cerrojo de tres tetones de cierre, con su clásica uña extractora externa, escape de gases adicionales, armado de la aguja percutora sincronizado con el movimiento de apertura del cerrojo, y no con la acción de cerrarlo, como en el 1891.

Ambos rifles son, como todos los productos Mauser de preguerra, impecables en cuanto a calidad y nobleza de materiales. Con ellos se fabricaron, se fabrican aún y seguirán haciéndose por mucho tiempo más, unos rifles de caza de calidad y belleza que, además de no tener nada que envidiar a los de actual producción, en muchos casos los superan agregando el condimento histórico que le proporciona características singulares.

Algo similar ocurre con el cartucho 7,65 X 53. El mismo no es un cartucho fabuloso de prestaciones excepcionales. No, por el contrario, es un cartucho CLÁSICO, que rinde en manos adecuadas todo lo que se necesita de un conjunto arma-calibre para adaptarse eficazmente y con holgura al cobro de toda la fauna americana y Europea, con la única excepción –prudencia de por medio- de las grandes piezas, tales como búfalos, osos pesados, y, por supuesto, la caza peligrosa africana y asiática, animales éstos que exigen armas de mucha mayor prestación en calibre, peso y energía del proyectil.

Se puede comparar el volumen de la vaina ajustadamente con el 308 –por debajo- y el 30-06 –por encima- Su mayor capacidad en la admisión del propelente que el 308, le permite lograr el mismo o mejor rendimiento con menores presiones de trabajo, para igualdad de peso de punta.

Por la mediación de un amigo, Toto Danura, tuvimos acceso a varios rifles Mauser 1891, y lo que es más importante aún, a dos caños de repuesto, “0 kilómetro”, que aún tenían la vaselina de fábrica en su interior.

Con ellos, un armero de San Pedro, el siempre recordado Brogiolo, nos armó dos sendos rifles de caza, adaptando esos caños para la rosca del cerrojo 1909. Su “sello”, por decirlo así, era un freno de boca, que realmente funcionaba muy bien, ya que disminuía el retroceso considerablemente, transformando la práctica asidua en un verdadero placer, siempre y cuando usáramos protección auditiva, ya que aumentaba en forma alarmante el estampido, enviándolo hacia los costados y atrás.

Estaba construido con un cilindro de acero de un diámetro externo bastante mayor al del cañón, que formaba una cámara con tres salidas laterales en ángulo, que la presión de escape de los gases se encargaba de empujar hacia adelante reduciendo el retroceso notoriamente, yo diría en más del 50%.

Casi toda mi actividad cinegética la logré con ese rifle.

Estaba equipado con un montaje Zarranz hecho en acero, con anillos también de acero y con regulación de deriva en la misma base. La mira, primero fue una Weaver de 3 a 7 x, que luego cambié por una Bushnell Wide Angle de 4 aumentos fijos.

Para la culata usé una original Mauser sportizada, hasta que mi entrañable amigo José “Pepe” Luján me regaló una hecha especialmente por él. En las fotos se puede apreciar, es la que tiene color más claro y es de tipo “culata pistola”.

Ahora hablemos del caño. Como les dije, era del modelo 1891. La notable diferencia con los posteriores -1909- era que sus estrías son de más altura, tienen más “cuerpo”, por decirlo en un lenguaje bien entendible. Eso, y el hecho singular de que los caños fuesen nuevos, es decir, sin uso, lo convirtieron en una “maquinita de pegar”.

Con cualquier tipo de punta, aunque cueste creerlo, AUN LAS DE CALIBRE .30. Estabilizaba perfectamente los proyectiles, y si bien desplazaba levemente la agrupación según el distinto peso y tipo de punta, nunca eso fue una preocupación, dado que era tan nimia la diferencia, que ni la tenía en cuenta.

Desde luego, todos los rifles que tuve los regulé para pegar en el centro de un papel glacé a 100 metros. Eso me daba un leve cambio de altura a los 150, pero a los efectos prácticos no constituía diferencia. Tengan en cuenta que mi modalidad de caza siempre fue la espera, y en las contadas ocasiones en que hice rececho, compensé “a ojo” una probable corrección de impacto.

A esa altura de mi vida ya la locura me iba ganando terreno abiertamente, y mis actuaciones como recargador de munición llegaron a su apogeo. ¿Cómo contarles las pruebas que hice? ¿Cómo decirles los miles de tiros que soportó, paciente y sumiso, mientras mi mente febril inventaba fórmulas mágicas rayanas en lo absurdo -como las cargas con F70, por ejemplo, para cazar perdices desde el auto-?

El arma era tan versátil en su uso, que nunca necesité cambiarlo. Tuve otros rifles, sí. Pero ninguno tan compañero y tan querido. Entre todos los componentes que asimiló, se contaron por miles los tiros “guerreros” (munición militar) de punta sólida, tipo spitzer y en cola de bote de 185 grains de peso y las de 150, de todas las marcas imaginables, desde viejísimos cartuchos Orbea, los de Fabricaciones Militares de las fechas más dispares, con fulminantes altamente corrosivos, los viejos de 215 grains, anteriores a 1905 y que se disparaban desde el modelo 1891, los Fabrique Nationale belgas, en fin, lo que cayera en mis manos.

Eso sí, el caño siempre fue un espejo, porque jamás omití después de cada sesión de tiro el prioritario lavado con agua hirviendo para eliminar las sales de mercurio de los fulminantes oxidantes. En cuanto a recargas, experimenté con todo lo conseguible. Primero fue la gloriosa e histórica pólvora A1, luego conseguí A27 (Lote 66, excepcional por sus prestaciones), y después a través de Cavalitto, en su armería de Pergamino, pude agenciarme de las IMR 4064 y 4350.

Para caza siempre usé puntas blandas o de fabricaciones militares, con su cartucho original, o bien las Sierra, de 180 grains para el .303 en su medida .311, o las Speer también en .311 y de igual peso, pero Soft Point. Con esas y con las guerreras belgas de 174 grains logré las mejores agrupaciones.

Probé también unas puntas muy bien costruidas, nacionales, copia en su forma de las belgas, en 180 grains fabricadas por Adrián Gómez de WAFFEN, que en materia de precisión anduvieron bárbaro. Lamentablemente no pude comprobar en cacería su expansión y comportamiento.

También para tiros de aguada use puntas Hornady en calibre .30 de 220 grains, bien Soft, casi tirando a “ñatas”. Por supuesto tuve de compañera muchas veces a las Norma, cuyas prestaciones me llenaban de satisfacción. En la época que cacé con ellas venían solamente en 150 grains.

Después conseguí puntas Norma para recarga, de color acero, en 180 grains y también las usé. Le recargué muchos tiros al amigo Raúl Stodart, de Rojas, las excelentes Hornady .312 de 174 grains Soft. Tiré infinidad de tiros con las Speer .30 Spitzer de 200 grains. Lo que más me asombraba de ellas era que estaban pegando a 150 metros casi sin diferencia de impacto con las .311 de 180 grains!!!

También quiero contarles que antes de que pudiéramos conseguir las puntas blandas de caza, cargué muchos cartuchos con bala guerrera de camisa completa en su versión Boat tail (Cola de bote) habiéndolas previamente “sportizado”, es decir, convirtiéndolas en expansivas, con un EXCELENTE RESULTADO en toda clase de pruebas sobre distintos blancos de experimentación, tales como diarios mojados, bloques de madera, arcilla mojada, etc. etc.

El artificio más común en estos casos era, una vez separado el proyectil de su vaina, centrándolo en un mandril le limaba la punta aproximadamente 1 mm., y hacía allí una perforación con una mecha de 1,5 mm hasta lograr una cavidad de 3 mm de profundidad. Esa fórmula ofrecía una expansión bastante pareja, sin demasiada pérdida de masa.

La única prioridad “sine qua non” era su condición de cola de bote, forma que aseguraba que la camisa nunca quedaría pegada al estriado si se desprendía del plomo interior, cosa que yo nunca ví, pero que en principio puede considerarse posible si se utiliza un proyectil con base plana no encamisada, como son las puntas de 150 grains guerreras, por ejemplo.

Hice con él lo mismo o mejores cosas que hubiera hecho con otra arma y otro calibre, quizá mucho más costoso y aunque más rimbombante, menos práctico. Porque mi 7,65 era tan cortito y liviano que más parecía un 22 que un rifle de caza mayor…

En fin, hablar de este viejo y querido amor, así, sin tecnicismos, contándoles solamente lo que con él hice, es un intento de resultarles ameno, al mismo tiempo que me lleva el alma a una época de felicidad irrepetible, porque me acompañó en los mejores días y pasiones de juventud, y me otorgó inolvidables satisfacciones…

Espero que estos viejos recuerdos desgranados aquí les sean de alguna utilidad. Recuerden que más allá de la actual Magnummanía que parece afectarnos, el secreto básico para cazar bien y en condiciones honrosas no se encuentra en el cartucho que se utilice, sino en la capacidad e integridad del ser humano que lo lo emplea, y de la precisión de su disparo. Y que yo sepa, a una punta de 180 grains del 7,65 que esté bien puesta, no hay chancho que se le vaya.

Les dejo a continuación un brevísimo compendio de las cargas que en mis experiencias me dieron mejores resultados.

Para comenzar, les aclaro que todos los valores están medidos en el rifle citado en este artículo, es decir, de cañón algo más corto que lo usual.

Los tiros belgas originales, con punta spitzer cola de bote de 174 grains, arrojaron una velocidad promedio de 714 metros por segundo a dos metros de la boca de fuego. Los Fabricaciones Militares argentinos, punta similar pero de 184 grains, dieron 695 m/s.

Recarga:

Vaina FN belga, fulminante RWS berdan (Para todas las pruebas):

-Pólvora A1 (argentina) 41,5 grains: 708 mts/s -

-Pólvora A27, lote 66 (argentina) 41,5 grains: 750 mts/s –

-Pólvora IMR 4064 (EEUU) 45 grains: 701 mts/s –

-Pólvora IMR 4350 (EEUU) 51 grains: 705 mts/s. –

-Pólvora IMR 4064 (EEUU) 43 grains con punta Speer Spitzer calibre .30 de 200 grains: 664 mts/s

-Pólvora, punta y carga original del cartucho .308 Winchester Silvertip de 200 grains: 637 mts/s (Componentes cambiados de vaina sin alterar)

CARGAS MÁXIMAS PROBADAS

1) Para vaina FN belga – Fulm. RWS – punta Speer Soft de 180 grains cal. 311 (Para el 303 British), una carga de 44,5 grains de A1 (argentina). No se cronometró velocidad. Se dedujo un leve exceso de presión por comienzo de aplanamiento de fulminante. Se llegó a esa cifra tope con aumentos sucesivos de medio grain sobre la carga original de FM argentina, que era de 41,5 grains. Debe considerarse que la punta empleada es ligeramente de menor diámetro, (.311/.313) cosa que posibilitó ese aumento bastante apreciable sin originar presiones peligrosas.

2) Para vaina NORMA, con fulminante CCI largo rifle, y punta Hormady Soft de 220 grains, una carga de 41 grains de A27 (lote 66). Consideramos este tiro en el límite de lo prudente, a pesar de no haberse observado síntomas de sobrepresión.

Como siempre, y sobre todo cuando se dan estas fórmulas que muchas veces son cargas límite para el arma en la cual se prueban, DESLINDAMOS TODA RESPONSABILIDAD SI SE QUIEREN IMITAR, básicamente, porque nunca tendremos control alguno sobre el manejo que ustedes puedan hacer de esta información, y de las condiciones en que se procede a la recarga


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