Las lesiones producidas por los ofidios e insectos son raras entre la población general, pero su frecuencia aumenta drásticamente entre aquellos que se dedican a los deportes al aire libre. Cuales son los mitos, verdades y tratamiento.
Debido a la naturaleza intrínseca de nuestro deporte, los cazadores figuramos entre esa fracción de la población que se halla más expuesta a éste tipo de incidentes. Las cacerías que se realizan fuera del país sólo incrementan el porcentaje y las posibilidades de accidentes, por el desconocimiento del terreno que tiene el visitante, y por el peligro inherente de moverse en zonas remotas, en ocasiones infestadas por animales venenosos.
Las mordeduras y picaduras de estos animales e insectos van de es un simple inconveniente sin consecuencias ulteriores, hasta la muerte dentro de los pocos minutos. No todas las mordeduras de los ofidios venenosos resultan mortales, ya que se teoriza que en ocasiones el animal puede escoger no inyectar su veneno, o que sus depósitos puedan encontrarse momentáneamente vacíos, por haber utilizado recientemente el contenido sobre otra presa.
Pero esto último es algo que el afectado desconoce, y ante la dura realidad y frente a un incidente de ésta índole no es cuestión de ponerse a esperar para comprobar la veracidad de la teoría. Todas las mordeduras de ofidios venenosos se tratarán de igual manera en que se trata a cualquier arma; asumiendo que la misma está cargada, y que es potencialmente mortal.
De aquí en más trataremos primero las lesiones por ofidios, para luego dedicarnos a las picaduras por insectos venenosos.
El problema para el cazador suele ser poder reconocer cuales ofidios son venenosos y cuales no lo son. Para solucionar este dilema hay dos caminos a seguir. O uno se vuelve un experto en los ofidios del lugar, lo cual no es una mala idea, pero resulta poco práctica y no siempre plausible, o debe de confiar en que el guía pueda reconocer al agresor. Cómo sea, una de las primeras acciones que se debe de tomar ante la mordedura de uno de estos animales, es tratar de capturarlo (preferentemente muerto y sin exponerse a una nueva lesión), para su ulterior reconocimiento por un especialista.
El veneno es una proteína de estructura específica que elaboran los ofidios. Una vez inyectada en la presa, el sistema inmunológico de ésta la reconoce al tóxico como una proteína extraña y reacciona formando anticuerpos contra la misma.
Las proteínas de los ofidios actúan de diferentes maneras. Por lo general afectan los músculos voluntarios produciendo su parálisis (efecto curarizante), con lo que inmovilizan a la presa y le impiden respirar, produciendo la muerte por asfixia.
Pero muchos de estos venenos son también poderosos neurotóxicos, y algunos poseen hasta actividad enzimática, esto es que comienzan con el proceso de digestión de la presa, aún cuando la misma se encuentra con vida. Estas enzimas son responsables por la gran necrosis de tejido alrededor de la herida que es posible observar como una depresión por falta de tejidos en aquellos que sobreviven.
En otras ocasiones los venenos producen reacciones inmunológicas que resultan fatales para el afectado, ya que los complejos que se forman entre la proteína venenosa y el anticuerpo generado terminan depositándose en el riñón de la víctima, causándole una falla renal grave e irreversible.
El veneno actúa com una proteína extraña a la cual el sistema inmunológico humano trata de rechazar, y en ocasiones puede digerrir los tejidos.
La dispersiСn del veneno inyectado se produce por transporte sanguМneo, de manera que una de las primeras medidas a tomar es la de impedir que la vМctima se agite y realice movimientos innecesarios, con lo que sСlo consiguen activar la circulaciСn del miembro afectado acelerando la dispersiСn. Esto significa recostar a la vМctima y calmarla. Note que en ningЗn momento se han mencionado las palabras constricciСn o torniquete.
El viejo concepto de realizar un torniquete alrededor del miembro lesionado para evitar la dispersiСn del veneno ha producido mАs pИrdidas de piernas y brazos por gangrenas secas de lo que uno puede imaginar, y son casualmente estas lesiones, auto infligidas, la mayor complicaciСn de las mordeduras por vМboras venenosas. Por lo tanto evite el uso de lazos de constricciСn. Ese no es el tratamiento correcto, y los mismos estАn formalmente contra indicados en el tratamiento de estos pacientes. La recomendaciСn parte nada menos que de los profesionales del Instituto de ToxicologМa MalbrАn, de la ciudad de Buenos Aires, quienes no sСlo producen las vacunas antiofМdicas para el paМs, son expertos en el tratamiento de pacientes afectados por Иsta patologМa.
El segundo y tercer concepto a erradicar de la mitologМa popular es el de la sangrМa de la herida y la succiСn de la misma para extraer el veneno. Esto simplemente no da resultado alguno y no pasa de ser mАs que una loable intenciСn. En realidad sСlo logra hacer que el veneno difunda con mas velocidad dentro de la vМctima debido a la compresiСn mecАnica y el efecto de bombeo por el masaje de la zona afectada. De manera que abstИngase de realizar Иsta maniobra. ║En definitiva, nada de lazos, masajes o besos!
¿Entonces que se debe hacer? Bueno, lo primero es lograr que la víctima se calme y haga reposo. Sí alguien puede, y se presenta la oportunidad, es conveniente atrapar al ofidio para su reconocimiento posterior.
Al mismo tiempo que se hace todo esto es necesario comenzar a preparar la evacuación inmediata del paciente al centro asistencial más cercano. El tiempo realmente cuenta en éste tipo de situaciones.
Pero sí Ud. tiene a mano el antídoto en el lugar del accidente, esto es lo que se debe de hacer. Antes de inyectarlo es conveniente hacerle al paciente un corticoide endovenoso, el cual actúa disminuyendo la reacción inmunológica inespecífica hacia el veneno de la víbora, y anula cualquier posible reacción alérgica que genere el suero. Sí desconoce como hacer una inyección en vena, simplemente aplíquela en forma intramuscular.
Una vez que se ha hecho esto, y luego de esperar unos 5 a 10 minutos, se aplica el suero antiofídico, según las indicaciones específicas del mismo. Mientras permite que transcurran los 10 minutos después de la inyección del corticoide se prepara el suero, siguiendo las instrucciones adjuntas detenidamente. La preparación del mismo requiere de cierto cuidado.
Las picaduras de ofidios, sobre todo en los niños, producen mucha ansiedad debido a la connotación del hecho, que por lo general se relaciona con la muerte. El stress que esto provoca no es despreciable, llegando a producir úlceras gástricas importantes. Para prevenir dichas lesiones puede suministrarse por boca algún protector de la mucosa gástrica, cómo la ranitidina, o cualquier antiácido bucal mientras dure el tratamiento, y hasta que el paciente se halle recuperado totalmente.
Tampoco es mala idea calmar al paciente y quitarle la ansiedad mediante el uso de ansiolíticos orales, como el Valium en dosis pequeñas (5 miligramos cada 8 horas).
Hace unos años atrás se había generalizado el tratamiento casero de éste tipo de lesiones mediante descargas eléctricas aplicadas con dos cables emergentes de una batería de 12 voltios. El efecto que se persigue es el de desnaturalizar (alterar la estructura) de la proteína del veneno mediante descargas eléctricas, lo cual es factible. Pero lamentablemente para lograr éste efecto es preciso aplicar descargas tan altas que sí bien se evita la muerte por el veneno, se mata al paciente por electrocución.
Aparte de que las descargas eléctricas de bajo voltaje son algo desagradables físicamente, rayano con los métodos de tortura, éste tratamiento es absolutamente inocuo, pero no indoloro. En fin, una experiencia innecesaria y nada recomendable, que sólo agravará el stress, añadiendo herida sobre insulto.
Las lesiones por ofidios, además del daño que provocan por el veneno, suelen infectarse por introducción de bacterias exógenas al momento de perforarse la piel. Las infecciones resultantes pueden tratarse con antibióticos locales o suministrados por vía general (oral o endovenoso según la gravedad del cuadro), decisión que debe de ser dejada en manos del profesional a cargo, ya que ciertos antibióticos pueden complicar el cuadro renal del paciente.
Las misma son en general producto de la actividad de arañas y alacranes, los cuales se hallan en las zonas más cercanas al Ecuador, tanto en lugares húmedos, como las selvas, como en aquellos áridos como los desiertos.
Las picaduras por insectos pueden ser mortales, y aunque raramente lo son, no por ello deben de minimizarse, o cometer el error de pensar que la reacción será proporcional al tamaño del ofensor. Dosis mínimas de estos venenos pueden producir, además de la muerte, extensas zonas con pérdida de tejido por necrosis, además de infecciones severas que pueden poner en peligro la estabilidad del paciente.
Un problema frecuente es que estos incidentes suelen pasar desapercibidos en el momento que ocurre, haciendo imposible el tratamiento de ataque inmediato destinado a minimizar los daños.
La terapéutica empelada está basada en la sintomatología, esto es se tratan los síntomas según aparecen. El uso de corticoides, para reducir la inflamación y la reacción inmunológica es una de las herramientas, al igual que los antibióticos orales y tópicos para tratar la infección. El uso de medidas tópicas tendientes a favorecer el proceso de remoción del material necrótico (muerto) desbridando la herida es conveniente.
Antes de partir hacia una zona dónde puede quedar expuesto a la acción de estos animales, es conveniente obtener el suero correspondiente, así como el número de teléfono de la agencia asistencial central que cada país suele tener para el manejo correcto de estas emergencias. El teléfono y dirección de estos organismos se puede obtener del Ministerio de Salud del país correspondiente.
La mayor cantidad de las lesiones se produce por debajo de la línea de la rodilla, por lo que es fácil de prevenirlas mediante el uso de polainas de cuero o pantalones con protección de cordura.
Las mordeduras 7y picaduras en las manos son raras, pero ocurren al dar vueltas piedras, meter las manos en cuevas, o recogiendo leña para el campamento. Teniendo esto en cuenta se puede prevenir la mayoría de los accidentes. Nunca mueva un objeto sí no puede ver que hay debajo del mismo, y sí lo hace utilice guantes de trabajo.
Otra forma de evitar, o al menos disminuir la incidencia de los ataques, es prestando atención por dónde caminamos, especialmente en días en que la temperatura ambiental es alta, durante los cuales los ofidios se encuentran más activos. Por ser animales de sangre fría, son más activos durante la primavera y el verano, que es cuando se desarrollan la mayor cantidad de actividades a campo abierto.
De modo que recuerde. Ante una de estas lesiones nada de besos, torniquetes, masajes o picana eléctrica. Una lesión por ofidio no tiene porque dar origen a acciones sadomasoquistas. La víctima de ser tratada como tal, y no cómo a una amante, o torturándola como sí fuese el enemigo. Sí posee los medios indique simplemente reposo, corticoides, suero antiofídico, protectores de la mucosa gástrica, ansiolíticos y derivación temprana a un centro asistencial capaz de lidiar con el problema correctamente y para el control de infección posterior. De lo contrario, sí se carece de los medios, lo más importante es calmar al paciente y evacuarlo cuanto antes a un centro asistencial.